Eurovisión, desde dentro

Eurovisión 2020 iba a ser mi estreno en el mundo eurovisivo desde dentro. Lo que debía hacer era, sobre todo, una cobertura en vídeo de todo lo que aconteciera. No obstante, la pandemia hizo retrasar esta entrada hasta este año, 2021.  Aunque siempre había seguido el festival como espectador, desde casa o con amigos, nunca había realizado una cobertura, ni mucho menos estado in situ, en el país anfitrión. Sabía que el Festival era un evento único de extensión musical y técnica espectacular. Y no me defraudó, aunque eso ya vendrá después.

Mi primer año, en una edición atípica

Primero de todo, cabe decir este año viajar no es como el resto de años. La pandemia del covid-19 hacía necesario realizarse una PCR en origen además de un test de antígenos para entrar en Países Bajos. Ese era el primer paso para aumentar la seguridad de todos. Aterrizamos en Ámsterdam para ir en tren a Róterdam, ciudad anfitriona, un jueves por la mañana para poder acudir al primer ensayo del representante español Blas Cantó esa misma tarde. Lo primero que te das cuenta es que la cobertura que estás haciendo es especial, algo muy diferente. Viajas a otro país, y cuando te mueves por ahí empiezas a sentir que la ciudad está volcada en la celebración que se estaba llevando a cabo. El micrófono de cristal, en versión gigante eso sí, presidía la entrada a la estación central de Róterdam. Una pequeña pista de lo que estaba por venir.

Rotterdam Ahoy, #OpenUp

Sales del metro, y te separa una calle que debes cruzar antes de llegar al estadio. Se pone en verde y empieza a sonar Waterloo de Abba. Descubres que hasta los pequeños detalles están cuidados, sirviendo a un verdadero Festival de la Canción. Y ahí está, tras dos años de espera, el Rotterdam Ahoy. A sus puertas, toda la logística de entradas y salidas. Lo primero que hay que hacer cuando acudes es acreditarte en uno de los puntos habilitados. Una vez con la acreditación en la mano (o colgada, mejor dicho) toca entrar por el sitio destinado a prensa. Pero para ello, antes se debía realizar un test de antígenos para asegurar la seguridad como medida anticovid. Posteriomente me haría un test cada 48 horas.

Una vez que entras en el estadio, te das cuenta de la inmensidad del lugar, del evento y de Eurovisión en su conjunto. Pasas y avanzas por los pasillos y lo primero que ves, es que todo está organizado para evitar aglomeraciones con un lado de ida y otro de vuelta, indicadores para la distancia social, etc. Además los dispensadores de gel estaban en muchos puntos del lugar. La sala de prensa era el sitio al que debíamos acudir para instalarnos y empezar a trabajar sobre el campo. Este año, a diferencia de otros años, las mesas se daban en el punto de entrada al mismo lugar y debían ser solicitadas cada día. De esa manera se podía tener un control de quién había en cada una de ellas.


La localidad que elegimos fue en una fila en la que estaban todos los profesionales de la comunicación de España. Allí fue donde conocí a los compañeros de Eurovision-Spain.com, que se encontraban en pleno directo analizando los ensayos que estaban realizándose en esos instantes. Todas las personas que allí había me acogieron como si estuviese yendo a cubrir el Festival los mismos años que ellos. El ambiente que hay entre todos es fantástico y es algo que agradezco enormemente.

Mi primer ensayo

Y llegó el momento de entrar en el estadio y ver uno de los ensayos que estaban teniendo lugar. Lo recuerdo como si fuera ahora, esa sensación de la primera vez dentro del Ahoy, de Eurovisión, es algo único. El primer ensayo que vi fue el de Islandia, que posteriormente tuvieron que usar en la final debido al positivo de uno de sus miembros . Ese primer plano de Islandia en su actuación es espectacular, pero verlo en directo es algo impresionante. El despliegue técnico y humano que tenía lugar en su interior impresionaba. Infinidad de cámaras, luces, pirotecnia hacían de cada actuación algo único y con carácter propio. Como apasionado del mundo audiovisual estar ahí implicaba ver la actuación en conjunto amplio, viendo además cómo era posible hacer la propia actuación.


Siempre digo a partir de entonces que en el Festival hay dos coreografías, la del país que sale en el escenario y la del equipo técnico que hay detrás. Todo está medido al milímetro. Cada cambio de plano, cada movimiento, cada elemento que aparece en las pantallas. De esa manera, como si de un baile se tratara, se realiza una tras otra las actuaciones de cada uno de los países que son representados en el Festival. La realización de las actuaciones se realizan con un software llamado CuePilot, que permite automatizar cambios de plano que pueden ser de la duración que se requiera. Técnicamente no había visto nada igual. Muchos de los que están cubriendo años allí me decían que son las Olimpiadas de la música, y creo que estaban en lo cierto.

Los medios de comunicación

Uno tras otro los ensayos se sucedieron y los días también pasaron. Dentro del estadio iba contando cómo era todo, cómo era un festival en pandemia, cómo fueron los ensayos de Blas Cantó, etc. Fuera del estadio, Róterdam tampoco dejaba de sorprenderme. Un lugar cuya arquitectura no pasaba para nada desapercibida y que actuaba como un lugar en el que el arte de la canción se unía con el de los edificios que allí se encontraban.

Más allá de ello, todo estaba ya listo para para la primera semifinal en la que pude ver las fases que hay antes de la gala que se puede ver por televisión. Primero hay ensayos de la gala completa, dos para ser más concretos, en los que se pone a punto todo. Finalmente nos encontramos con la gala Jury en la que el jurado valora cada una de las actuaciones que tienen lugar. Por último, la gala emitida por televisión que todos podemos ver.

Una semifinal, desde dentro

El ambiente que se vive en una gala es impresionante. Te encuentras en una sala de prensa rodeado de periodistas y medios de comunicación de multitud de países. Como tú, se encuentran cubriendo la actualidad de Eurovisión. Con muchos de ellos tuve la oportunidad de hablar y preguntarles para varias noticias sobre quién creían que iba a ganar la semifinal o la final. Lo que uno conoce y aprende entre los pasillos es muy elevado. Cada persona que está allí tiene cientos de historias y una gran experiencia sobre diversos aspectos del Festival. Además, muchos de los que están ahí viven el festival bailando las canciones, sonriendo, siguiendo el ritmo en cada una de las estrofas que canta cada país. Es una experiencia verlo.

El día de la gran final

Una vez que llega el día de la gran final, parece que todo se resume en más de una semana en la que parecía que mi segunda casa era ya el Rotterdam Ahoy, y el que había normalizado ver conciertos diarios con cada uno de los ensayos. Pero el sábado 22 era el día en el que se decidía la canción ganadora de Eurovisión 2021. Durante el programa en directo, las votaciones parecían victorias de equipos de fútbol. Cada uno de los periodistas celebraban los puntos que recibía su país o su favorito ganador. Y creo que el resto ya es bien sabido. Italia ganó y la euforia en el centro de prensa era más que patente.

Algunos de los periodistas italianos empezaron a cantar y celebrar el triunfo en unos pasillos que se mostraban ya pequeños ante tanta expectación. Y una vez finalizado el trabajo, tocaba despedirse de ese lugar mágico que había sido el lugar de tantos momentos durante más de diez días. Y poner la cuenta atrás para la nueva edición de Eurovisión en Italia.

Jorge Miralles

Comunicador Audiovisual Premio Nacional de Fin de Carrera. Actualmente trabajando como Senior Producer & Designer en el Grupo COPE

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